La hazaña que no fue
Arriesgándome a perderlo, me escapé de mi trabajo una hora y media antes. Haciéndole frente a mi avaricia congénita me fui hasta Libertador a tomar un taxi para llegar más rápido al estadio.
Me subí de prepo a un radio-taxi que tenia un viaje programado y obligué al tachero a que me lleve lo mas cerca que pueda de River sin perder su viaje.
Me bajé a 30 cuadras de mi destino, en el medio de la nada, arriesgándome a ser comido por mosquitos patagónicos que no mueren con el frío.
De suerte me levantó una amiga que justo pasaba por ahí con el auto.
Pudimos hacerle frente al embotellamiento de la manera más estoica posible y conseguimos estacionamiento rapidísimo.
Al llegar a las inmediaciones equivocamos la puerta de entrada y tuvimos que dar un rodeo de 15 cuadras para encontrar la puerta en la que mi entrada tuviese validez, ya que las vallas y la gente de seguridad no nos dejaban pasar más rápido por ese acceso.
Luego de una cola increíblemente larga y lenta (cualquier similitud con CUALQUIER cola que ha que hacer es este bendito país no es pura coincidencia) y de que un tipo de seguridad casi me saque los pulmones por la espalda por correr en la entrada, logro entrar, 40 minutos mas tarde de lo programado, al recital por el que había gastado mis buenos billetes (¿recuerdan la avaricia congénita de mas arriba?).
Cuando me enteré que se volvía a realizar el festival Quilmes Rock prácticamente ignoré la noticia. Al menos hasta saber cuales serían las bandas internacionales; ya que para ver a las bandas de acá prefiero verlas cuando toquen individualmente. Cuando me avisaron que venia Aerosmith empecé a prestar atención y a informarme de cómo estaban conformadas las grillas de los distintos días. Francamente, la fecha de ayer (que originariamente era de bandas nacionales) era la que menos me importaba.
Un día estaba escuchando la radio y avisaron que venia Bad Religion. Una banda que, en lo personal, considero de lo mejor que hay en la escena de Punk Rock. Al toque averigüé cuando y donde tocaban y ese mismo día tenía la entrada en mi poder. Recién después de comprarla me di cuenta que día tocaban. Me pareció raro que tocaran la noche de bandas nacionales y recuerdo que pensé estúpidamente: “Va a ser re raro que no cierre Divididos. A mucha gente le va a molestar”.
Que tonto fui.
Hace unos días me enteré que Bad Religion no solo no cerraba la noche, sino que era la primera banda de la fecha. La noticia me produjo cierto malestar, que se transformo rápidamente en una bronca asesina al averiguar que su show arrancaba a las 17:15, un día de semana.
¡Somos Punks pero trabajamos! ¿En que cabeza cabe poner el show a esa hora?
En ese momento empecé a planear un escape del trabajo y una ruta para llegar lo más rápido posible a la cancha. TENIA que ver a esa banda como sea. En un comienzo, el plan marchaba sobre ruedas: el escape del trabajo funcionó, la ruta de llegada, mas o menos, también.
La organización del evento, no. No funcionó para nada. Demoras en los ingresos, cacheos demasiado exhaustivos, o prácticamente inexistentes (¡y no es gataflorismo eh!… es encontrar un equilibrio entre la inspección de cavidades y el trafico de armas de destrucción masiva) y una grilla armada por algún deficiente mental con horarios programados por algún participante de Gran Hermano sacan de sus casillas a cualquiera.
Entro corriendo al estadio y veo a una de mis bandas favoritas sobre el escenario. Justo empiezan a tocar “Generator” y me olvido de todos los problemas previos. Completamente copado salto de acá para allá, coreo las letras y me dejo llevar por la potencia y la onda de la banda.
Imaginen mi desahucio cuando, al terminar el tema, el cantante (con su chistoso español) se despide de la gente. ¡Sabia que me había perdido algunos temas, pero no TODOS!
¡Había logrado entrar para el final del recital!
Con una mezcla de tristeza, bronca, impotencia, ganas de seguir saltando y una alegría que perduraba por haber escuchado UN SOLO TEMA de la banda, empecé a gritar que volvieran a hacer un par de temas.
Salieron, hicieron un par de bises y se volvieron a ir con la promesa de que volvían el año que viene.
Al escuchar eso me alegré y dudé al mismo tiempo.
Ese día ya no estaba para creer en promesas.
(gracias, vuelvan pronto)

1 comentario:
Bueno, al leer experiencias como la tuya sólo me cargo todavía más de bronca. Qué hijos de puta que son!!! Yo me perdí pocos temas, sólo porque me di cuenta y corrí y me mandé salteando 5 cuadras... pero es una locura haber llegado a eso para, simplemente, ver un show.
La recompensa la tuve y duró unos minutos (o sea lo que duró Bada Religion) pero la bronca sigue, sobre todo porque sé que muchisimos se quedaron afuera y claro, nadie dio una puta explicación al menos.
Abrazo y ojalá vuelvan el año que viene así podés disfrutar como corresponde de esta tremenda banda.
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