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martes, 14 de septiembre de 2010

EL EFECTO VAN HOUTEN

(Hoy no se me ocurrió nada. Pasé una semana de lagunas mentales y cero creatividad, así que les paso algo que escribí hace una pila de años y que espero les guste).


Justo hoy, que Catalina me dijo que le gustan los chicos malos, que me confirmó que anda con un chico malo, que al enterarse que yo sentía algo por ella me respondió: “pero… vos sos mi amigo, mi confidente”… justo hoy dan el episodio de “Los Simpsons” en el que Lisa se enamora de Nelson y Milhouse lo mira por TV.
Suelen pasar ese tipo de cosas. Te peleas con tu novia y todas las canciones de la radio te lo recuerdan. O no le viene y ves embarazadas por toda la calle. O la chica que te gusta te dice que le gustan los chicos malos -después de que hiciste buena letra durante semanas a ver si se te daba- y dan un episodio de “Los Simpsons” en el que el chico malo se queda con la chica que le gusta al perdedor. Cosas así. Pasan todo el tiempo. O, tal vez, en esas situaciones estamos más receptivos a esos detalles que antes no veíamos.

Nunca me cayó bien el pibito de anteojos y pelo azul, pero viendo ese capitulo no pude evitar sentirme identificado. No pude evitar sentirme Milhouse. Tal vez, en este tipo de situaciones, tampoco me caiga bien yo mismo. Mientras lo veía, recordé que es un episodio bastante chistoso. Bueno, es chistoso si uno no fue tácitamente rechazado esa misma tarde.
Le dije que le había tomado cariño los días que estuvo acá, que la extrañaba, que hacía mucho que no la pasaba tan bien. Las mismas estupideces que se dicen siempre, digamos.
¿Qué pasó? Me dijo que el día anterior había estado con un amigo. Con un “amigo con derechos”. ¡Odio los amigos con derechos! Al menos, claro, que yo sea ese amigo. Le pregunté si estaba bien con ese chico. Me dijo que no. Le pregunté por qué estaba con él entonces. Y ahí me respondió lo que ya temía. Esa respuesta estúpida, que nunca me entró en la cabeza, y eso que la escuché muchas, muchísimas veces.
“Me gustan los chicos malos.”

¿Qué carajo significa eso? ¿Por qué les gustan los chicos malos? ¿No les leyeron suficientes libros de príncipes azules como para saber que el héroe de la historia no es malo? ¿Qué, de haber tenido lugar en esta época, las hubiese llamado de nuevo, las hubiese cuidado, les hubiese importado lo que tienen para decir?
Son preguntas que nunca voy a poder responder.

Por lo general escucho respuestas del tipo: “Sí, me gustaría conocer a un príncipe azul, pero esos hombres no existen”. Tal vez sea cierto, pero ir a buscar al otro extremo del catálogo tampoco es una buena solución, ¿no? Es como bañarse con agua helada solo porque la caliente no sale tan caliente como nos gustaría.
No se, no me presten atención. Nunca le presten atención a una persona despechada. No tenemos nada importante para decir. Solo nos lamemos las heridas y tratamos de comprender al mundo en el momento en que más incomprensible e injusto nos parece.

Le pregunté a ella por qué le gustaban los chicos malos. Cuál era la idea de estar con alguien que, de antemano, sabés que no es bueno para vos. Me preparé para recibir la clásica respuesta. Y no me decepcionó. O sí, en realidad:
“Es que no quedan hombres que valgan la pena.”
Escuché tantas veces esa frase que ya perdió todo el sentido. Ya me suena como una respuesta que se da para no tener que explicar el verdadero problema. Es como cuando en el trabajo o en el ascensor te preguntan: “¿Cómo andas?”. Es poco probable que respondas: “Y, mirá, mal. No sabes la cantidad de quilombos que tengo, te cuento…”. No, por lo general decís: “Bien”, o, en casos de enorme depresión puede salir un: “Y, ahí andamos”. Pero nada más allá de eso. Bueno, a eso me suena la clásica respuesta femenina a la pregunta de por qué siempre les atraen los chicos malos. Me suena armada. Me suena a que dicen eso para no ver el verdadero problema. Para que no se les cruce por la cabeza que en realidad su amor propio anda por el piso; o que les gusta recibir ordenes; o es más fácil echarles la culpa a ellos del fracaso de la relación; o que salen con ellos solo porque (creen que) es más fácil despegarse llegado el caso en que sean olvidadas o se estén enamorando.

Le dije que sí quedamos hombres valiosos, pero que jamás los va a encontrar si sigue andando con ese tipo de gente. Me dijo que eso no era cierto, que si alguien se iba a interesar por ella, no le iba a importar que esté con alguien en ese momento. Ahí le respondí que si yo quedaba cautivado por alguien, pero ese alguien estaba con alguien más, no me iba a acercar a serrucharle el piso a una relación preexistente. Tardó en responderme y, finalmente, dijo:
“Entonces a esa persona no le interesaba tanto la relación como pensaba.”

¡Tiene que ser una joda! Había vuelto a dejar bastante en claro que soy YO el que está dentro del ejemplo. Yo quiero estar con ella. Yo quiero que deje a ese pibe. Pero ella, automáticamente, despersonaliza el ejemplo y lo hace vago, intangible. Adicionalmente, ¿no se da cuenta que si un pibe se interesa en ella, pero se lo demuestra metiéndose y destruyendo una relación preexistente, está hablando nuevamente de un chico malo?

“Además,” agregó, “tu eres mi amigo, por eso te cuento estas cosas. Porque eres honesto y me cuidas y me escuchas. Y te quiero mucho”.
Si te cuentan demasiado y encima las escuchás con atención, cagaste. Ya sos su amigo. Su confidente. Supongo que es mi culpa, nunca termino de entender que las mujeres no quieren a los hombres para contarles sus secretos, sus miedos, sus inquietudes. Para eso ya tienen amigas. ¿Por qué, entonces, me empeño en ser el amigo confesor?
Tal vez por eso les gusten los chicos malos. A los chicos malos no les interesa en lo más mínimo lo que ellas tengan para contarles. Entonces, si no pueden ser amigos, están disponibles para otras cosas.
¿No?
No sé, ya les dije que no me prestaran atención.

Esto no se lo he dicho a nadie antes, pero nunca lo he sentido. Creo que estoy enamorada…
¡Ah! Oh, ¿en serio?
… de Nelson.
[…]
¿Te gusta Nelson? ¡Es un crápula y me rompió mi diente permanente!
Pero apuesto a que en el fondo es sensible y tierno, como tú. Podría decir que quiero sacar al Milhouse que hay en Nelson.
¡Pero yo soy todo Milhouse!

El pobre pibito de anteojos y pelo azul estaba sufriendo lo que sufrimos diariamente los tontos que no queremos entender la realidad por más que la tengamos delante de nuestras narices: a las chicas no les interesan los hombres que las cuidan, que recuerdan cuando es su cumpleaños, o que se dan cuenta cuando están mal. Ellas quieren un rebelde sin causa. Alguien que no les preste atención, alguien competitivo, que parezca inalcanzable y que día a día las trate de tal forma que ellas tengan que desahogarse al llegar a casa con alguien tan bueno como para escucharlas y decirles que todo va a salir bien.
Por ejemplo, nosotros.

martes, 11 de mayo de 2010

Frágil… manéjese con cuidado

No sé si son tips para estar atento y mejorar tu relación con el sexo femenino, una serie de observaciones chistosas o una clara prueba de mi constante paranoia… de cualquier forma, acá les dejo:

20 Cosas que las mujeres dicen esperando que les creamos.
o
20 Cosas sobre las mujeres que sabemos que no son ciertas.
o
20 Cosas sobre las mujeres que tenemos tantas ganas de creer, que lo hacemos.

- En 5 minutos estoy…
- ¿Esto? Es lo primero que encontré en el placard.
- Antes de vos, novio, novio, no tuve muchos.
- No dormí con tantos hombres como crees.
- Claro que te extrañé en la salida con las chicas.
- Hablo con mi ex porque quedamos 100% como amigos. No siento nada por él.
- No cambiaría nada, soy feliz con mi cuerpo.
- El aspecto físico no es lo que más me importa en mi pareja.
- Por suerte, cuando me viene, no me cambia el humor.
- Le caes re bien a mis viejos.
- ¡Obvio que quiero tener una relación libre, odio el compromiso!
- Justo ese día no puedo, pero tengo muchas ganas de verte.
- Jamás fingí un orgasmo.
- Wow… ¡ese orgasmo fue genial!
- Es promedio tirando a grande.
- ¡Igual tantas no vi para comparar, eh!
- No me importa como estás vestido.
- Claro que no me jode que no tengas auto.
- Ninguno de tus amigos me parece lindo.
- No me pasa nada... dejá.

lunes, 21 de septiembre de 2009

El oficio de ser amigo (1 de 2)

Una pequeña reflexión sobre ser el cuarto en discordia.

Primera Parte


La amistad siempre está cambiando. Desde aquella vez en el jardín donde le juraste a tu amigo que siempre iban a estar unidos contra las chicas (porque en esa época pensabas que las chicas eran asquerosas… tengan o no tengan herpes) hasta cuando terminaste en cana porque tu amigo se puso a mear adentro de un teatro (sí, me pasó), la amistad cambió cientos de veces.

Velorios, agarradas a trompadas contra otra escuela, estudiar para exámenes, consolar roturas de corazón (los hombres tenemos una solución mágica para eso: un “dale, pará de llorar, no seas puto”, arregla todo)… mantener amigos requiere pasar distintas pruebas de paciencia y comprensión.

Pero hay un momento en tu grupo de amigos donde la amistad muta extrañamente y exige una dura prueba de adaptación.
Y ese momento es cuando tus amigos empiezan a traer a sus hijos a las reuniones.

Primero, tu amigo te presenta a su novia, todo bien. Empezar a usar pantalones en las reuniones y dejar de gritarle improperios sexuales a la tele no es muy difícil.
Después, ella queda embarazada. Ok, más alcohol para vos. Y tampoco es que andás corriendo con una máquina para hacer radiografías por ahí. Pan comido.
Llega el vástago. Hermoso, arrugado y rosita. Como tus dedos saliendo de la bañadera. No problem.
Tu amigo se pone sensible (para estas circunstancias también sirve el “dale, pará de llorar, no seas puto”), pero está contento y eso te alegra mucho.

Ahora, cuando el niño empieza a crecer, las parejas empiezan un proceso sociológico conocido como “agrupación de individuos en la misma condición neonatológica” (que es lenguaje técnico para “no sé que carajo hacer, necesito preguntarle a alguien en mi condición, así que me junto con gente con bebés”). En ese momento las parejas se recubren de un aura de superioridad solo manchada por un rictus de constante cansancio y un poco de vomito sobre el hombro del sweater. Los nuevos padres ahora portan una mirada que expresa claramente: “ahora entiendo de que se trata la vida” y se pavonean cual reyes con su heredero… y un cochecito, bolso cambiador, mamaderas, muda de ropa y entre 5 y 10 pañales de repuesto.

Tus nuevas reuniones incluyen dos o tres parejas de amigos que consideran hilarante que el nene eructó y sonó como “papá”, e intercambian los 1001 métodos infalibles (si fuesen infalibles, solo se necesitaría uno) conocidos por el hombre para hacer dormir a un niño. Vos estás invitado a esas reuniones porque sos amigo de toda la vida, pero, por alguna razón que no llegás a entender (probablemente sea el hecho de que tu esperma solo terminó en el teclado de la computadora), no te sentís perteneciente al grupo.

(… continuará la semana que viene…)

martes, 16 de septiembre de 2008

Sabias palabras de Al Bundy…

¿Así que pensás que soy un perdedor?

¿Solo porque tengo un trabajo horrible que odio, una familia que no me respeta y una ciudad entera que maldice el día en que nací?

Bueno, eso puede significar perdedor para vos, pero dejame decirte algo: cada mañana cuando me levanto sé que no va a mejorar hasta que vuelva a dormir, pero me levanto igual.
Me tomo un jugo aguado y un desayuno medio congelado. Me meto en mi auto, que no tiene tapizado, ni nafta y todavía no terminé de pagar. Solo para pelear con el transito y sus bocinas, solo por el privilegio de poner zapatos baratos en las pezuñas de gente como vos.

Nunca jugaré Fútbol como pensaba. Nunca conoceré el tacto de una mujer hermosa. Y nunca más volveré a conocer la alegría de manejar sin una bolsa en la cabeza.

Pero no soy un perdedor. Porque, a pesar de todo eso, yo y uno cada dos tipos, quienes nunca seremos lo que queríamos ser, estamos acá afuera, siendo lo que no queríamos ser, cuarenta horas a la semana, de por vida.

¡Y el hecho de que no me haya puesto una pistola en la boca, mujer de porquería, me transforma en un ganador!



domingo, 27 de mayo de 2007

Muy fugaz

Según la creencia, cada vez que Dios sonríe, un ángel nace.
Cada vez que un ángel muere, nace una estrella.
Y cada vez que una estrella visita el país, la que nace es una vedette.

Cada vez que una vedette muere, pierde una de sus 9 vidas.
Cuando una vedette pierde una vida (aunque no termine de morir), otra vedette nace, y sale a decir que es mejor que esta.
Si hacemos el cálculo (tan exponencial como involutivo), cada vez que una vedette deja de existir, 9 nuevas vedettes circulan por el mundo, diciendo que son artistas, que ellas si tienen talento real y que solo se desnudan para mantener a sus hijos.

Cada vez que una vedette se desnuda, sale una revista.
Si sale una revista, mucha gente trabaja.
Cuando mucha gente trabaja, el país progresa.
En conclusión, las vedettes ayudan al crecimiento del país.


5 personas que se benefician con esto:

- Cirujanos plásticos.
- Amantes de los animales.
- Ventura.
- El gerente de Sunset.
- Todos los dueños de revistas de esas donde salen chicas con poca ropa (no me conozco los nombres ya que no les presto la más mínima atención por considerarlas inmorales).


5 personas que no lo encuentran muy edificante que digamos:

- Mujeres muy envidiosas.
- Futuras vedettes que aún no debutaron en las revistas y esperan la “muerte” de alguna vedette actual.
- Gente con sentido común.
- Verdaderos artistas que pierden público de sus obras porque la gente prefiere ver “El champagne las pone mimosas”.
- Todos los dueños de revistas de esas donde no salen chicas con poca ropa (no me conozco los nombres ya que no les presto la más mínima atención por considerarlas un embole).



(gracias, vuelvan pronto)


NOTA: No creo que haya de esa gente en este ámbito, pero no quiero que nadie venga a decirme “vedettes eran las de antes, Nelida Lobato, bla bla bla”.
Entiendo su punto, pero uso la palabra para la generalización de chicas con poca ropa que trabajan en el teatro de revista, las revistas, y la tele.

miércoles, 2 de mayo de 2007

¡Es lógico!

Detesto cuando mi profesor de lógica da una explicación terriblemente complicada, que uno sigue como puede, y la termina sonriendo mientras dice:

“… es bastante obvio, ¿no?”



(gracias, vuelvan pronto)

martes, 17 de abril de 2007

El escrito mas ñoño (y doloroso de admitir) del mundo

Arranco con una pequeña explicación. Aburrida, pero sumamente útil para lo que descubrí:

En el estudio de la lógica preposicional, lo importante es probar la validez del razonamiento, y no necesariamente la verdad de los argumentos que lo componen. Si el razonamiento tiene validez lógica, los argumentos que condujeron a esa conclusión serán verdaderos; pero por más que los argumentos sean verdaderos, eso necesariamente no indica que el razonamiento sea valido.

Dicho de otra forma:
Si el razonamiento es lógicamente valido, necesariamente las premisas (argumentos) son verdaderas y, por lo tanto, la conclusión es verdadera. Para que el argumento no tenga validez debe probarse que en la reflexión existe al menos un caso posible en que las premisas sean verdaderas y la conclusión falsa.

Ayer en clase estábamos viendo esquemas de razonamiento que, a primera vista, parecían absurdos, pero que, sin embargo, eran completamente validos (desde el punto de vista de la posibilidad lógica).

Uno de ellos era este:
Que se diría de la siguiente forma: “A, por lo tanto A”.
Y dando un ejemplo mas concreto: “Mi blog es aburrido y no lo lee nadie”. Si alguien pregunta: “¿Y por qué?”, yo lógicamente podría contestar: “Porque mi blog es aburrido y no lo lee nadie”.
Si bien uno sería un pésimo argumentador no estaría falto de lógica, ya que necesariamente mis dos premisas o son verdaderas o son falsas. No pueden ser una V y la otra F ya que las dos dicen lo mismo.
Entonces, si son verdaderas, listo; el razonamiento es valido. Y si son falsas no se esta cumpliendo el esquema de invalidez (premisas verdaderas, conclusión falsa) ya que todo es falso. Por lo tanto el razonamiento también es perfectamente valido.

En ese momento, se me vino a la cabeza una escena hartamente repetida en mi niñez, que siempre consideré (si bien no conocía los términos precisos en esos momentos) como “ilógica”. Y esa falta de lógica era el único consuelo que tenía en ese momento de frustración e impotencia. Era lo que me confirmaba que la razón estaba de mi parte, y que no se hacia lo que solicitaba solo por coerción de la figura de autoridad del momento la cual estaba terriblemente alejada de la verdad, la cual estaba en mi poder. Resultó que esto no era así, y que no solo no se hacía lo que pedía, ¡sino que no se hacia CON RAZON!

¿A que situación me refiero?
A la clásica.

YO: Pa, ¿podemos hacer tal o cual cosa?
MI VIEJO: No.
YO: ¿Y por qué no?
MI VIEJO: Porque no.

¡Maldito bastardo amparado en la validez!




(gracias, vuelvan pronto)

miércoles, 4 de abril de 2007

Cogito, ergo sum


Yendo más allá de los límites de la crítica filosófica, y del análisis literario y bibliográfico, uno de los participantes de Gran Hermano Argentina nos sorprendió a todos con una conclusión… reveladora:

"Sócrates era un careta. Dijo “solo sé que no sé nada”, y sabia una bocha."


¡Para pensar, eh!


(gracias, vuelvan pronto)