Malísima buena onda
Por eso, no son “todas locas”, sino que tenés a : “la que te llama cada 15 minutos para ver que estás haciendo”, “la que se hace la feminista pero si no la dejas subir primero al colectivo te asesina con la mirada”, “la que se pinta la cara de celeste y blanco para el mundial y después te putea cuatro años porque miras futbol” y una larga lista de etcéteras en donde se encuentra el que, en mi opinión, es el tipo más peligroso de mujer con el que uno puede encontrarse:
La que no sabés si “es” buena onda o “tiene” onda con vos.
Te la encontrás en una fiesta y es ella la que te viene a saludar. Hablas con ella y se ríe de tus chistes, es copada y no te pone cara de “me estás empezando a molestar, ¿por qué no vas a hablar un rato con tus amigos?”.
Ahí nuestro radar empieza a mandar señales del tipo: “¡Uia! Che, pero, ¿hay onda?” y uno se empieza a hacer la cabeza, indeciso de encarar pero sintiendo que no puede dejar pasar la oportunidad. Inmediatamente cambiamos nuestro discurso tímido para empezar a tratar de lograr algo con ella, ¡y ella sigue buena onda!
La fiesta continua y ella parece no notar lo ridículo que somos haciéndonos los bananas, mientras nuestro radar grita que hoy es nuestra noche y tal vez ya no necesitemos la tonelada de porno que almacenamos en nuestras computadoras.
(No sean muy exigentes con el radar. Por lo general está cubierto por una capa de algodón y otra de jean; no es fácil ser certero trabajando a oscuras).
Vale la pena hacer una aclaración: no estamos hablando de la clásica histérica o de la “calienta pavas”, esta chica es realmente muy buena onda. Su único problema es que no nota que con eso nos está derritiendo el cerebro.
Finalmente pueden pasar dos cosas horribles: o la encaras y te comes una cortada de cara épica o no la encaras y te auto-flagelas con eso por un tiempo.
En mi caso, para tirarme a la pileta tengo que asegurarme que haya agua (más de 32° de temperatura, un bañero mirando y tener mi salvavidas de patito en la cintura), así que por lo general me quedo en el molde y me salvo del garrón, pero he visto a demasiados amigos estrellarse contra un “no, pará, no te confundas” para tenerle más miedo a “la que no sabés si es buena onda o tiene onda con vos” que a “la que te llama gritando a las 3 AM desde la puerta de tu casa un día de tormenta para decirte que te extraña”
