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martes, 14 de diciembre de 2010

Malísima buena onda

Las mujeres no son todas iguales. De hecho son muy diferentes entre si y, a veces, hasta diferentes de lo que ellas mismas eran unos días atrás.

Por eso, no son “todas locas”, sino que tenés a : “la que te llama cada 15 minutos para ver que estás haciendo”, “la que se hace la feminista pero si no la dejas subir primero al colectivo te asesina con la mirada”, “la que se pinta la cara de celeste y blanco para el mundial y después te putea cuatro años porque miras futbol” y una larga lista de etcéteras en donde se encuentra el que, en mi opinión, es el tipo más peligroso de mujer con el que uno puede encontrarse:

La que no sabés si “es” buena onda o “tiene” onda con vos.

Te la encontrás en una fiesta y es ella la que te viene a saludar. Hablas con ella y se ríe de tus chistes, es copada y no te pone cara de “me estás empezando a molestar, ¿por qué no vas a hablar un rato con tus amigos?”.

Ahí nuestro radar empieza a mandar señales del tipo: “¡Uia! Che, pero, ¿hay onda?” y uno se empieza a hacer la cabeza, indeciso de encarar pero sintiendo que no puede dejar pasar la oportunidad. Inmediatamente cambiamos nuestro discurso tímido para empezar a tratar de lograr algo con ella, ¡y ella sigue buena onda!

La fiesta continua y ella parece no notar lo ridículo que somos haciéndonos los bananas, mientras nuestro radar grita que hoy es nuestra noche y tal vez ya no necesitemos la tonelada de porno que almacenamos en nuestras computadoras.
(No sean muy exigentes con el radar. Por lo general está cubierto por una capa de algodón y otra de jean; no es fácil ser certero trabajando a oscuras).

Vale la pena hacer una aclaración: no estamos hablando de la clásica histérica o de la “calienta pavas”, esta chica es realmente muy buena onda. Su único problema es que no nota que con eso nos está derritiendo el cerebro.

Finalmente pueden pasar dos cosas horribles: o la encaras y te comes una cortada de cara épica o no la encaras y te auto-flagelas con eso por un tiempo.

En mi caso, para tirarme a la pileta tengo que asegurarme que haya agua (más de 32° de temperatura, un bañero mirando y tener mi salvavidas de patito en la cintura), así que por lo general me quedo en el molde y me salvo del garrón, pero he visto a demasiados amigos estrellarse contra un “no, pará, no te confundas” para tenerle más miedo a “la que no sabés si es buena onda o tiene onda con vos” que a “la que te llama gritando a las 3 AM desde la puerta de tu casa un día de tormenta para decirte que te extraña”

martes, 21 de septiembre de 2010

Bancate ese defecto

(siguiendo un poco con el tema de la semana pasada)

Viernes, reunión de amigos. Cada vez que hay alcohol de por medio pueden pasarme dos cosas: o (me creo que) soy el alma de la fiesta o me pongo reflexivo (y llorón).
La semana pasada mi pregunta fue la misma que me hago acá casi todas las semanas: “¿Por qué nadie me da bola?”
Entre las jodas de mis amigos sobre mi dudosa heterosexualidad, una de las chicas dijo una infame frase que no es la primera vez que escucho.

"Tu problema es que sos justo lo que las chicas quieren"

Luego de unos minutos de silencio en los que no sabía si reírmele en la cara, ponerme a llorar, pegarle una piña, intentar darle un beso o contarle (con los dedos de la mano de un carnicero imprudente) las conquistas femeninas en mi haber, me enteré que con eso quiso decir que soy un pibe que no da repulsión mirar, bueno y atento y que, llegado el caso, no teme a comprometerse con una relación. En teoría, eso asusta un poco a las chicas.

¡Pensé que eso es justamente lo que querían!

Es como que yo a una chica le diga:

- Tu problema es que sonreís y hacés que todas las chicas que conocí parezcan pequineses durmiendo la siesta.
- Tu problema es que me imagino con vos, viendo una película estúpida, tirado en el sillón, en un día de lluvia.
- Tu problema es que me haces reír demasiado.
- Tu problema es que sos fiel, inteligente y cariñosa.
- Tu problema es que usas poco maquillaje y las zapatillas te quedan mejor que los tacos.
- Tu problema es que tenés las tetas tirando a grandes, paradas y me entran casi perfectamente en las manos aunque sobresale un poquitito por todos lados.
- Tu problema es que sos la única chica que considera el punto anterior divertido y no ofensivo ni demasiado detallado.
- Tu problema es que pensás que soy interesante.
- Tu problema es que aguantás mis boludeces y te gustan las mismas bandas pedorras, programas de televisión incomprensibles y libros raros que a mi.

Supongo que mi amiga parte de razón tiene. Si conociese a una chica así, tampoco pasaría nada entre nosotros.
Más que nada porque no me animaría ni a hablarle. Muy probablemente solo balbucearía incoherencias y ella (porque es súper buena) se transformaría en mi (puaj) amiga y me cuidaría pensando que tengo algún tipo de retraso, como si estuviésemos en la película romántica más cliché del mundo, pero sin que ella se de cuenta que me ama al final.

martes, 27 de julio de 2010

Ese no soy yo, no veo la Davis y quiero un chori

La gente que me cae mal en Facebook
(ultima parte, 3X1)


3- El que te etiqueta en fotos en las que no estás

El propósito de etiquetar fotos en Facebook es reírse de lo mal que salió alguien en la última fiesta… y ahora la chica que le gusta va a ver que salió como un boludo y si se des-etiqueta sus amigos lo van a llamar ortiva y superficial (un amigo me contó todo esto).

No es conectarte y ver que alguien te etiquetó en una foto y cuando te vas a fijar es un paisaje, o una imagen de una gorda cayéndose, o una bicicleta que quieren vender. Más burla y menos negocio. Más reírnos “de” y menos “mirá esta foto de una rosa, significa que te re aprecio”. Más “¡no salís con los ojos abiertos ni en una foto, HdP!” y menos “te etiqueté en un dibujo de La Bestia porque sos un tierno por dentro”.


4- El “deportista” exitista

El/La caradura mueve las posaderas solo para ir al dispenser de la oficina a buscar agua para el mate (y no por las propiedades diuréticas del mate, sino porque sino se ahogaría con los biscochitos de grasa), pero viendo su muro en Facebook parecería ser el vicepresidente del Comité Olímpico Argentino.

"¡Vamos, Leonas, que partidazo!” / “Diego, sacalo al galgo y ponelo a Garcé” / “¡Delpo que top spin que pegaste en el 15-40 del 3-2 del tercer set!”
Todo esto, obviamente, cuando al deportista le va bien. Cuando el equipo o persona empieza a fallar, nos pasamos rápidamente al otro deporte que esté de moda y archivamos la camiseta de Ginobili, Leonas, vóley masculino o Messi en el placard.


5- El Vegan mala onda

Aclaremos algo antes para que todo quede entendido (y no me maten a huevazos –de soja- en la calle): Mi filosofía de vida es la siguiente: yo no jodo a nadie y mientras que no me jodas a mí, hacé lo que quieras. ¿Poco comprometido? Tal vez, pero todo bien con todo el mundo.

Por lo que si bien me parece copadísimo que comas lo que come un venado, me molesta que me digas asesino, que te jactes de que sabés bocha de nutrición porque leíste un par de artículos online (por culpa de mi rodilla, yo ya sería traumatólogo), digas que la humanidad va a lograr la paz del mundo cuando la gente deje de comer carne y que declames que como las vacas fueron traídas por europeos, los indios de América no tomaban leche y sin embargo estaban sanos (de hecho, esa me hizo reír mucho… con esa sigan si quieren). Y no me pregunten irónicamente si me gustaría que alguien me conecte un aparato a los pezones que chupe todo el día, porque la respuesta podría no agradarles.

Básicamente, hacé la tuya y yo hago la mía. Ninguno de los dos está rompiendo una ley y no necesito que me digas que todo lo que hago está mal… tengo los suficientes traumas de la niñez para eso.

martes, 20 de julio de 2010

Leyendo @ Elige tu propia desgracia

La gente que me cae mal en Facebook

(Segunda parte)
2- El/La que usa Facebook como si fuera Twitter

Si te tengo en Facebook es solo por alguna de estas 3 razones:

- Sos mi amigo/a y aparte de virtualmente, nos vemos personalmente o hablamos por teléfono.
- Sos conocido/a del barrio, la escuela, el club, algún acontecimiento social o la vida.
- Te quiero dar.

En la primera opción, si hay novedades, ya las sabré/as cuando nos veamos.
En las otras dos, no me interesa que es lo que pasa cada 15 minutos en tu vida.

Como hablábamos la semana pasada, hay cosas que te tenés que guardar para vos. En este caso, por sobre todas las cosas, ¡porque a nadie más le interesan!

No me interesa leer que tenés sueño, o hambre, o frío, o calor, a que hora llegas al trabajo, cuanto te aburre el mismo, que tan malo es tu jefe, cuantas tazas de té llevas tomadas, a donde estás (menos si ponés una @ en vez de un “en”), tampoco quienes son tus mejores amigos/as en todo el mundo, como te dieron los análisis, a donde te vas a ir (o te fuiste) de vacaciones, que vas a ir a ver al cine, que te pareció la película, con quien estás tomando mate un sábado a la tarde, que opinas sobre la farándula local e internacional, o que injusto/genial/ difícil/triste/aburrido/desconcertante te parece algo.

Eso nomás.

viernes, 9 de julio de 2010

Google...¡lo hiciste de nuevo!




Le pegaron... ES el día de la Independencia.
Pero... ¿qué hace ese 200 ahí?
¿Es un 194 y yo veo mal?

martes, 1 de junio de 2010

Sutil como pasacalle de neón

Conocí una chica.

No les conté antes porque no lo quería quemar. ¿Por qué les cuento ahora? Porque aunque no les haya contado, el tema ya está como el churrasco que me hice ayer (les doy una pista: no quedó “tierno y jugoso”).

Al conocer a la señorita en cuestión, mi comentario para con mis amigos fue: “Tiene buen lomo (sí, sigo diciendo “buen lomo”). Si curtimos, veo que onda”.
(antes de que una feminista recalcitrante me arroje su corpiño en llamas, que se sincere y me responda si ella siempre piensa inmediatamente en matrimonio cuando conoce a alguien)

En fin… curtimos.
Yo me enganché, ella “desapareció”.
Las ironías de la vida son divertidas (para ustedes… feministas recalcitrantes).
El tema, además del clásico “riámonos de Polzúnkov total él está acostumbrado”, que CÓMO “desapareció”.

Todos hemos hecho cosas para borrarnos de las que no estamos orgullosos…

Yo también he:
- dicho que iba a borrar mi cuenta de Facebook porque ya no lo encontraba divertido (y solo elimine/bloqueé a la persona en si).
- mandado un e-mail de vez en cuando para mantener a la persona cerca, pero no tan cerca.
- usado una amiga para que me haga la gamba y mantenga interesada a esa persona en mi.
- dicho que tenía que estudiar para evitar invitaciones no deseadas (desde que dejé la facultad he recibido miradas de desconfianza, pero aun así seguí con esta excusa).
- inventado problemas familiares para evitar otras invitaciones no deseadas (hasta que el tío Tito sí murió realmente. Ese velorio al menos me ahorró una aburrida película de chicas en el cine).

… por lo que, si bien la palabra “karma” solo me suena a algo que se come con curry, debo admitir que con esta muchacha recibí una buena cucharada de mi propia medicina. Eso está fuera de discusión.

Las que me sorprendieron fueron otras actitudes… ya que además de esas actitudes totalmente obvias (si la obviedad fuese un auto, esas serían un Ford Falcon rosa fluo) decidió dejar las sutilezas de lado y pasearse de la mano de un muchacho en frente de mi nariz, acercarse con él a saludarme y cambiar su foto de MSN por una del pibe antes de tener la delicadeza de borrarme y bloquearme del chat.

¿Despistada o una cínica del carajo?

Tal vez pensó que “tengo que entregar un trabajo práctico, por eso, aunque vivamos a 10 cuadras el uno del otro y usemos el mismo medio de transporte casi a la misma hora para ir a laburar, no podemos vernos las próximas tres semanas” no había sido lo suficientemente claro.

martes, 27 de abril de 2010

Una pavada musical

Análisis de composición, por Polzúnkov.

Por lo general, al repasar blogs de música, los autores se dedican a analizar piezas incunables de rock progresivo, o la fragilidad en la composición de Mozart… bueno, yo les quiero hablar de “La edad del Pavo”, de Chiquititas.
(ACLARACIÓN: les juro que yo no lo veía, mi hermano menor me contó).



En dicha canción, los esclavos de Cris Morena trataban de convencer a chicas regordetas y a chicos con sombra de bigote a lo mexicano ilegal, que entrar en la adolescencia está buenísimo. Que no es una experiencia totalmente traumática que te va a marcar y a dejar neurótico y acomplejado el resto de tu vida adulta.
Y cantaban:

LA EDAD DEL PAVO, QUE LINDA ES…
¿Qué es lo lindo? ¿Qué te salgan granos? ¿Pelos? ¿Los dolores menstruales? ¿Afeitarse? ¿Qué descubras la masturbación y sepas que hay algo MUCHO mejor esperando ahí afuera pero te va a costar bocha conseguirlo? ¿Qué te empiecen a gustar tus compañeras de colegio, pero no te animes a hablarles y te sientas tan confundido que no sabes si hacerte el bueno para ligar un beso o jugarla de chico malo y no darles bola para llamarles la atención?

HACEMOS SIEMPRE TODO AL REVÉS…
Ni chico bueno, ni malo. Yo sonreía como un imbécil y rezaba porque eso funcione.

NOS FALTA ALGO, NOS SOBRA UN POCO…
Lamentablemente los que sobraba era bello facial, acné y hormonas y lo que faltaba era un chamullo, voz gruesa y confianza.

SOLO QUEREMOS SABERLO TODO…
Y probablemente sea una de las épocas de la vida en la que más equivocado estás en todo lo que hacés o decís.

(O capaz que considero eso porque uno siempre odia a la generación anterior y por eso me la agarro con los adolescentes. Probablemente haya un tipo de unos 45 años puteándome por esta boludez que está leyendo).

Finalmente, lo que pienso es que Cris “la eterna-teen” Morena, en su bondad ideó la canción para ayudar a los chicos a atravesar esa etapa de la mejor manera posible.

Por eso, en este humilde espacio, dejo mi idea para un estribillo que, con la misma música, nos ayude a nosotros (¿los jóvenes adultos?) a vivir el día a día.

El alquileeeer, que fácil es de pagar es… solo hay que remarla hasta fin de mes.
Te metieron caño y se llevaron tu billetera... no te hagas problema, no estaba llenaaaa!
Help… se rompió el auto.
Help… no tengo un mango.
Help… se cae mi pelo…
Heeeeeelp…


lunes, 19 de octubre de 2009

No te cases ni te embarques… ¡lee!

Soy una persona pragmática y con los pies sobre la tierra. Gracias a Dios no creo en ninguna religión y me doy cuenta que, por suerte, tampoco soy supersticioso ya que la semana pasada hubo un martes 13 y ni me avivé.

Jamás me preocupé por gatos negros, ni por evitar pasar por debajo de las escaleras, ni por tocarme el izquierdo cuando nombran a algún miembro de esa lista cada vez más larga de innombrables (que no reproduzco acá exclusivamente por ahorro de espacio). Nunca usé herraduras, ni patas de conejo.

Ahora, por otro lado, si tengo ciertos… “rituales” que sigo a rajatabla:
Le sonrío al guarda que me pica el boleto para que llegue a tiempo el tren, trato de no pisar las rayas de las baldosas, miro el muñequito del semáforo para que no cambie mientras estoy cruzando y si no tengo la imagen mental de mis llaves cerrando la puerta puedo llegar a volver hasta mi casa a comprobar.

Eso me demuestra que, si bien no soy supersticioso en lo más mínimo, soy un obsesivo de la gran puta.

Por eso, cuidate de la mala fortuna leyendo estas… 5 similitudes y diferencias entre supersticiosos y obsesivos.

S: Llevan un trébol de cuatro hojas en el bolsillo.
O: Llevan un Rivotril en el bolsillo.

S: Penden muchas velas.
O: Prenden y apagan la luz. Muchas veces.

S: Coleccionan agua bendita e imágenes de santería.
O: También coleccionan pavadas.

S: Tocan madera para alejar la mala suerte.
O: Si tocan madera, pasan media hora lavándose las manos.

S: Pueden cambiar la disposición de todos los muebles de la casa porque tenían “mala vibra”.
O: Pueden mover un cuarto de milímetro un adorno porque les ponía incomodo como estaba “desacomodado”.

lunes, 28 de septiembre de 2009

El oficio de ser amigo 2/2

Una pequeña reflexión sobre ser el cuarto en discordia.
Segunda Parte

(… continúa de la semana pasada…)

El súmmum de esta prueba de adaptación se da cuando los niños tienen edad para empezar a jugar entre ellos. Al principio es una actividad hermosa de ver. Los chicos se divierten y aprenden a interactuar en un mundo social. El problema es que nosotros, los grandes, sabemos que los seres humanos cuando socializan tarde o temprano van a robarse un juguete o van a ser golpeados por no prestar un peluche.

Y ahí es cuando se inicia el conflicto.

Los padres, tratando de mostrarle a los niños que las cosas pueden solucionarse pacíficamente, pero confirmando lo “social” del hombre, tienen diálogos como este:
“Uh, Pepito, mirá que golpazo, te va a quedar chichón”.
“¡Te pido mil perdones!... Juanita, ¡lo que hiciste está muy mal!”.
“Noooo, no te hagas problema… después de todo, el nene repite lo que ve en la casa…”
“Es cierto eso, el tuyo no para de llorar y estira las manitos a la mesa… decí que la botella de vino está lejos, ja ja”.

Se produce la primera división, entre amigos devenidos en progenitores, pero no se queda ahí. Los padres, demostrando ya una gran habilidad en puñaladas culposas y guerras metafóricas (habilidad que van usar para educar a sus hijos hasta la adolescencia) hacen lo que todo el mundo hace cuando está en guerra: No, no saquear pueblos y mandar a las minorías al frente… buscar aliados.

Ahí es cuando tus amigos (y sus esposas) te miran y te dicen, al unísono:
“Tengo razón… ¿o no?”

En ese momento tenés que decidir entre darle la razón a uno de tus amigos de toda la vida, haciendo que el otro te odie, o demostrarles que te parece una pelotudez la discusión (y que esto jamás hubiese pasado si no tenían hijos con esas minas que los hicieron llorar, te hicieron poner pantalones para ver la tele y no te dejaron correr por ahí con tu máquina para hacer radiografías).

¿Qué hacés en ese momento?
Lo que quieras. Des la respuesta que des, va a estar equivocada.

La velada termina entonces, con vos sintiendo que no te diste a entender y ellos sintiendo que no entendés nada, con tus amigos lanzándose miradas matadoras y con las parejas teniendo una pelea apocalíptica cuando llegan a casa (porque seguro uno no defendió lo suficiente al otro). Mientras, el pibe extraña a su compañerita de juegos y escucha desde su cama como empieza a derrumbarse un matrimonio, sin entender y sintiéndose más incomodo que aquella vez que le dieron ganas de empujar a papito por la escalera porque mamita le parecía sexy.

lunes, 21 de septiembre de 2009

El oficio de ser amigo (1 de 2)

Una pequeña reflexión sobre ser el cuarto en discordia.

Primera Parte


La amistad siempre está cambiando. Desde aquella vez en el jardín donde le juraste a tu amigo que siempre iban a estar unidos contra las chicas (porque en esa época pensabas que las chicas eran asquerosas… tengan o no tengan herpes) hasta cuando terminaste en cana porque tu amigo se puso a mear adentro de un teatro (sí, me pasó), la amistad cambió cientos de veces.

Velorios, agarradas a trompadas contra otra escuela, estudiar para exámenes, consolar roturas de corazón (los hombres tenemos una solución mágica para eso: un “dale, pará de llorar, no seas puto”, arregla todo)… mantener amigos requiere pasar distintas pruebas de paciencia y comprensión.

Pero hay un momento en tu grupo de amigos donde la amistad muta extrañamente y exige una dura prueba de adaptación.
Y ese momento es cuando tus amigos empiezan a traer a sus hijos a las reuniones.

Primero, tu amigo te presenta a su novia, todo bien. Empezar a usar pantalones en las reuniones y dejar de gritarle improperios sexuales a la tele no es muy difícil.
Después, ella queda embarazada. Ok, más alcohol para vos. Y tampoco es que andás corriendo con una máquina para hacer radiografías por ahí. Pan comido.
Llega el vástago. Hermoso, arrugado y rosita. Como tus dedos saliendo de la bañadera. No problem.
Tu amigo se pone sensible (para estas circunstancias también sirve el “dale, pará de llorar, no seas puto”), pero está contento y eso te alegra mucho.

Ahora, cuando el niño empieza a crecer, las parejas empiezan un proceso sociológico conocido como “agrupación de individuos en la misma condición neonatológica” (que es lenguaje técnico para “no sé que carajo hacer, necesito preguntarle a alguien en mi condición, así que me junto con gente con bebés”). En ese momento las parejas se recubren de un aura de superioridad solo manchada por un rictus de constante cansancio y un poco de vomito sobre el hombro del sweater. Los nuevos padres ahora portan una mirada que expresa claramente: “ahora entiendo de que se trata la vida” y se pavonean cual reyes con su heredero… y un cochecito, bolso cambiador, mamaderas, muda de ropa y entre 5 y 10 pañales de repuesto.

Tus nuevas reuniones incluyen dos o tres parejas de amigos que consideran hilarante que el nene eructó y sonó como “papá”, e intercambian los 1001 métodos infalibles (si fuesen infalibles, solo se necesitaría uno) conocidos por el hombre para hacer dormir a un niño. Vos estás invitado a esas reuniones porque sos amigo de toda la vida, pero, por alguna razón que no llegás a entender (probablemente sea el hecho de que tu esperma solo terminó en el teclado de la computadora), no te sentís perteneciente al grupo.

(… continuará la semana que viene…)

lunes, 22 de junio de 2009

No, gracia´ a vo´


Luego de la seguidilla de partidos de la selección, ascenso, promoción y campeonato (para ser sincero, en realidad debo haber visto dos en total) noté una verdad indiscutida. Tal vez muchos la hayan notado, pero no está de más remarcar estos 5 puntos.

Todos los relatores / periodistas deportivos tienen las MISMAS características.

A saber:

- Los relatores deben tener una “catch phrase”. O sea, un latiguillo que los caracterice. Desde el legendario (y anticuado) “¿estoy crazy, Macaya?” a los (igualmente pedorros pero) actuales “¿qué digo gol?, ¡golazo!”, “¿lo digo o no lo digo?” o “no lo grite, no lo cante, no se abrace” -debe haber más, pero mi umbral de sanidad solo me permitió asimilar esos- todos los relatores quieren darse a conocer por una frase que los perpetúe en la inmortalidad. Por cierto, ¿alguien lo vio a Araujo?

- Filosofan y divagan más que Sócrates de faso (no sé bien por qué, pero me imagino que Sócrates de faso filosofaría y divagaría mucho). Toman algo simple como un deporte y lo transforman en una justa épica entre 22 aguerridos contendientes por la supervivencia del mundo. Analizan un “¿tiro la pelota afuera para atender a un rival?” como un dilema ético/moral. ¡Y que el referí no cobre en contra de la selección, porque Judas vendiendo a Jesús es un pichi que tendría que haber ido a la escuela de árbitros así sacaba más de 30 monedas de plata! Si bien esos recursos le agregan color al relato, si te zarpás de barroco pasas a ser ridículo.

- Son más panqueques que… bueno, un panqueque. Incapaces de resistir cualquier tipo de archivo (tal vez eso sea inherente -salvo contadas excepciones- al periodista en sí), no te sorprendas al ver que el jugador o arbitro que era un héroe la semana pasada esta es una paria que merece ser desterrado del universo.

- Como si estuviesen en la colimba, tratan al pobre pibe que recién empieza a transmitir desde el campo de juego (o a Titi Fernández, la persona con menos amor propio de la historia de la humanidad) como basura que tiene que pagar derecho de piso. Se ríen de sus más mínimos errores, pero si el pibe les marca un error a ellos, listo, lo forrean todo el partido. Pobres pibes, los banco.

- Los imbéciles que transmiten desde el campo de juego son todos iguales. Su trabajo consiste básicamente en: Ver que gestos hacen los técnicos. Escuchar que les gritan a los jugadores. Ver que numero tiene en la camiseta el jugador que está por entrar. Y realizar preguntas agudísimas como: “decí la verdad, ¿te tiraste o fue penal?” o “¡se comieron 4 de local! ¿cómo te sentís?”


jueves, 27 de diciembre de 2007

Felisa me mueroooo…


PERSONAS A LAS QUE NO ENTIENDO
Hoy:
La gente a la que no le gustan las fiestas*.

(* para que no quede ningún tipo de duda, con las fiestas me refiero a Navidad y año nuevo.)


Se que me estoy metiendo en una zona escabrosa con esto, así que voy a hacer la clásica aclaración inicial antes de empezar:
“Es 100% justificable que te recuerden a algún ser querido que no está más y que por eso no quieras festejar.”
Listo, en mí opinión, es la única aclaración, excepción y excusa que existe en el escrito de hoy.

¿Como puede ser que a alguien no le guste festejar este tipo de celebración?
Analicemos algunos casos:


¿¡Cuánto!? ¿Qué…, es de oro?

Está más que claro que existe un claro espíritu comercial en esos días, está bien, pero nosotros podemos elegir ignorarlo. O participar y divertirnos. Ambas cosas están bien.
No creo que tu viejo, tu tío o tu hermano te dejen de querer porque no les hiciste regalo… y tampoco te vendes al furioso y sanguinario sistema capitalista, que nos ahorca despiadadamente, por comprar un regalo para la gente que querés.
De hecho, si sos de la idea de que es una bosta que te obliguen a comprar un regalo, probá diciendo que no te gusta festejar ni recibir llamados o regalos en tu cumpleaños a ver que onda.
(ya si tampoco te gusta festejar cumpleaños, no solo no te entiendo sino que me caes mal)


Odio a mi suegra… la odioooo

Mucha gente tiene una familia que es un bardo…
…no, esperen, déjenme reescribir eso…
… TODOS tenemos una familia que (en mayor o menor medida) es un bardo y no nos gusta tener que ver a alguien que no nos cae bien y menos compartir la mesa con ese individuo.
Les tengo la solución perfecta… IGNORARLO.
Si a vos te disgustan las fiestas porque el tío Pepe se peleo con la tía Pepa o porque el primo Tito le pidió plata prestada a la abuela Tita y nunca se la devolvió, es una pavada. Sería mucho mejor ignorar al tío Pepe, a la tía Pepa, al primo Tito y a la abuela Tita y pasarla bien con (por poner un ejemplo) tu vieja que se mató cocinando o tu abuelo que hacía bocha que los quería ver a todos juntos.


Pasáme mas tinto… y una pata de pollo

Un argumento de lo más ridículo que se escucha por esos días es:
“Estamos en verano, y sin embargo comemos todas comidas con muchas calorías porque nos copiamos todo de los yanquis”.
Si eso te hace odiar las fiestas, sos un pancho (de aprox. 180 calorías).
Podes cocinar lo que quieras y comer lo que quieras.
Y si justo tenés la mala suerte de que tu familia hace pavo cubierto de locro (¡que rico!) y toman ponche de huevo con pedacitos de frutas secas, llevá un tupper con vitel toné desde tu casa y santo remedio.


El día de (la pindonga) es todos los días

Otra razón que da la gente que disgusta de las fiestas de fin de año es: “te obligan a reunirte, yo si quiero me reúno con mi familia cualquier día del año”.
Sí, pero, lamentablemente, no lo hacemos. Y no porque no queramos a nuestras familias (o si), sino porque siempre hay “algo mejor que hacer”.
En cambio, el 25 y el 1ro, son feriado, no hay clases de ningún tipo, no se trabaja (por lo general) y el día está por completo diseñado para que la gente se reúna y… ¿se queje?... no, festeje.


La paz esté contigo… ¿que me compraste?

La gente de las otras religiones puede elegir ignorar las fiestas, pero no repudiarlas. De hecho, yo no festejo yom kipur, ni jánuca, ni el ramadan ni la hégira, pero no por ello salgo a decir que son una porquería de fiestas impuestas por Coca Cola.


En fin…

Navidad y año nuevo son dos fechas lindísimas, para estar con la gente que uno quiere (si no tenés gente a quien querer, no odies las fiestas, odia a la vida en general), ya perdieron la conexión que con celebraciones del hemisferio norte (aunque no tengo nada contra ellas tampoco), toman (aunque sea lentamente) una identidad en cada país… y promueven la unión y el amor al prójimo (tengas o no plata para el regalo).

¿Qué puede haber de malo en ellas?

(y no es una pregunta retórica ni capciosa, me gustaría que, si le encuentran algo malo, me lo digan; porque yo, no los entiendo)


jueves, 29 de noviembre de 2007

Una “parada” en el Rosedal y seguimos


PERSONAS A LAS QUE NO ENTIENDO
Hoy:
El consumidor de travestis.

Antes de empezar quiero hacer una pequeña aclaración:
Esta sección, si se lee el titulo con detenimiento, se basa en personas a las que no logro terminar de entender. No en personas a las que odio (esa aclaración ya fue hecha en el post del 25/07/07), ni siquiera personas de las que me río. Sino, simplemente, en personas a las que no comprendo en lo absoluto.
Bien, hecha esta aclaración, empecemos a joder a estos soplanucas.

El tráfico de sexo existe desde tiempos inmemoriales.
Y el cambio de preferencias sexuales también.
Si bien jamás utilicé el primero (lo juro, ¿por qué me miras así?) y jamás probé el segundo (¡si te seguís riendo te voy a pedir que te vayas!) respeto y comprendo ambos.
Todo bien, alguien puede sentirse en la necesidad de usar los servicios de una señorita o de un señor, como así también uno/a puede sentirse con ganas de estar con alguien de su mismo sexo.

Pero como que el travesti está a mitad de camino de los dos, ¿no? Si me gustan las chicas, estoy con una chica. Si me gustan los hombres, estoy con un hombre. ¿Entonces?
Supongo que a alguien le puede llegar a gustar estar con un individuo con pechos y pene, pero ahí, exactamente en ese punto, es que mi entendimiento se pierde.

Una de las razones que me dio un consumidor de travestis defendiendo esta practica fue: “los travestis son muy buenos para dar sexo oral, ya que saben exactamente donde está todo”.
Si bien esto puede llegar a ser un argumento convincente, ¿no es más que probable que una señorita de la noche también esté bastante canchera con ese temita después de toda la experiencia acumulada? O mismo un gay. Si vos lo que querés es que alguien con el mismo “equipamiento” que vos realice el trabajo, tranquilamente podes optar por acostarte (o de parado, como mas te guste) con un gay.
Pero ahí es donde se arma. Los consumidores de travestis niegan rotunda –y aireadamente- sentirse atraídos por alguien del mismo sexo.

Y ahí también vuelvo a perder el hilo del entendimiento. Y no pasa por ser retrogrado (de hecho yo no soy el que odia a los gays, solo no me acuesto con ellos), sino por una falta completa de comprensión.

Te gusta estar con alguien con miembro, que tiene la voz del Coco Basile, que se afeita más veces que yo, ¿pero después decís que no soportas a los gay?

¿No es lo mismo que una mujer diga?:
“Me encanta estar con minas de poco pecho y que se dibujan un bigote”
“Ah, ¿sos lesbiana?”
“¡No! ¿Qué te pasa, querés que te rompa la cara? Solo lo hago porque saben bien donde esta todo”.

¿¡Qué carajo?!
No entiendo nada… y ¿la verdad? No importa…

¡Denle para adelante, amigos!
Jamás los comprenderé, pero los respeto. Cualquier practica que se realice con respeto, aceptación y consenso, en busca del clímax sexual, merece todo el apoyo (¡Ja! Dije “apoyo”).

Los conservadores vecinos de Palermo no estarán muy contentos, pero el PBI palermitano les da las gracias de rodillas (je je).
Muchos de ustedes compran preservativos en la zona (si no lo hacen, empiecen a hacerlo); los más tímidos, que necesitan dar varias vueltas hasta decidirse, cargan nafta en sus estaciones de servicio; los albergues transitorios trabajan “no vacancy” y los mismos travestis tienen una fuente honesta de laburo -y lo digo en serio, no le están robando a nadie; ni con una pistola (¡Ja Cacho, escucháte esta!), ni con una ley- pudiendo así ahorrar unos mangos para pagar el codificado y ver como sale Boquita.


miércoles, 25 de julio de 2007

¡Cuanto más espere, más intereses en el plazo fijo!

PERSONAS A LAS QUE NO ENTIENDO
Hoy: La gente que hace cola en el banco antes de que este abra.

Este es otro de los especimenes que me cuesta trabajo comprender. Al igual que las chicas que viajan al lado del colectivero (ver post del 26/06/2007) parecería que estas personas disfrutan de estar parados cuando podrían evitarlo; pero, a diferencia de las chicas de bondi, estos tipos lo hacen a la intemperie.
No importa que sea un invierno congelante o un verano despiadadamente caluroso, esta gente (particularmente gente mayor) aguantan estoicos la apertura del banco para hacer sus trámites o cobrar sus jubilaciones o pensiones.

Lo que me desconcierta de su actitud es que alegan cordura mediante un caluroso: “Lo que pasa que si llegas a la hora que abre el banco te tenés que comer una cola impresionante” (y agregan algo del estilo “este país no da para mas”, o “así nos vamos todos al tacho, querido” o el comodín favorito de los esperadores ancianos “esto, en mis tiempos, no pasaba”).
Ahora bien, es cierto que en los bancos uno debe esperar un tiempo importante para ser atendido, pero, si te pones a pensar (basándome en mi experiencia personal de trámites bancarios), este tiempo, por lo general, no sobrepasa la hora y media… y he visto gente a las 8 menos cuarto de la mañana haciendo cola para entrar.

Para finalizar, me pregunto:
- ¿No es mejor (al menos que sea un hermoso día primaveral) esperar esas dos horas y pico dentro del banco, con calefacción (o aire acondicionado), en vez de tener que pasarlas afuera?
- La mayoría de la gente que hace cola a esas horas es gente jubilada, ¿por qué, entonces, se apuran hasta lo impensado para terminar los tramites bancarios, si después tienen el día libre?
- ¿No les parece más copado ir tipo 2 de la tarde, que no hay nadie, y entrar y salir en un santiamén?
- ¿No cree esta gente que los empleados bancarios los tratarían un poquito mejor si no entran al establecimiento al grito de “Carajo, me tuvieron dos horas esperando ahí afuera”, cuando hay un cartel muy grande en la puerta (o en el conocimiento general de las personas) que dice que los bancos abren a las 10?

La actitud de estas personas (o de las chicas bondiseras) no es algo que particularmente me moleste, sino esta sección se llamaría “Personas a las que quemaría con un lanzallamas de la primera guerra”, solo no las entiendo.

Sé que si no viven cerca de un banco, o no se levantan antes de las 11 (aparte de recibir toda mi envidia malsana), no van a entender lo escrito.
¡Pero usen su imaginación, che!
(Total, si se levantan después de las 11, seguro tienen tiempo para pensar boludeces).


martes, 26 de junio de 2007

Ni psicólogas, ni pretendientes, ni ahorradoras… ¿que?

PERSONAS A LAS QUE NO ENTIENDO
Hoy:
La mina que viaja al lado del colectivero.

Nunca supe si me cae bien o mal este tipo de mujeres.
Algunas veces temí por mi seguridad mientras el colectivero dirigía miradas fugaces a la cara o el cuerpo de su interlocutora.
Y siempre oscilé entre tildarlas de oportunistas o compinches.

Uno sube al colectivo y están ahí, paraditas en el medio del camino entre la puerta y la maquina expendedora. Siempre con una mano agarradas de algún caño para no caerse y la otra viajando entre el hombro derecho del conductor y su propia cadera.

Las pocas veces que escuché una charla entre ellos (acompañante y conductor), estas trataban sobre conocidos en común, problemas en el recorrido, habitués ilustres del colectivo o intentos cuasi desesperados del pobre colectivero en invitar a la dama a tomar algo (ahora que lo noto, escuché mas charlas de las que pensaba).
En ese entonces me preguntaba: “¿Para que se paran ahí y se hacen las lindas si después no le van a dar cabida al tipo?” Y al instante tenía una respuesta: dinero. El boleto de colectivo, si bien no es carísimo, es un dinero que acumulado en un periodo de tiempo (un mes, por ejemplo) suma una cantidad importante para el ciudadano promedio.
A partir de ahí empecé a ver a estas personas como unas chupa-sangre. Unas piolas que solo le daban charla a un pobre colectivero enamorado para ahorrarse unos centavos. Y no lo veía enojado porque consideraba que estaba mal lo que hacían, sino porque yo no podía hacerlo.

Pero el tiempo y la experiencia me demostraron mi equivocación.

En cierta época de mi vida, volvía de la facultad todos los días en el mismo horario. Por lo tanto, coincidía con el mismo colectivero cada vez.
Al mes de subir a la misma hora, en la misma parada, en el mismo bondi se logró una especie de camaradería con el conductor, con el cual nos saludábamos y nos preguntábamos por nuestro día. Todo de la forma más superficial posible.
Pero cierto día, gracias a que a esa hora las únicas minas que viajaban en el colectivo eran mas feas que intentar chamullarte una chica con la dentadura empapelada en perejil, el tipo prefirió hablar del segundo amor de algunos hombres y me dijo: “quedate loco, ¿viste el partido de Boca ayer?”
En ese momento pensé “por fin, yo también puedo ganarle al sistema y ahorrar unos pesos… que feliz soy”, pero estaba equivocado.

Viajar al lado del colectivero es LO MAS ABURRIDO que existe en el mundo. Todo bien, me había ahorrado $1,25 (viajar hasta el lado tenebroso de la General Paz es caro), pero cada 3 minutos miraba los asientos desocupados y extrañaba tener la billetera mas chica pero el corazón contento (y sentado, y leyendo, y escuchando música, y no soportando al colectivero).

En ese momento, embebido en aburrimiento, asintiendo en los momentos adecuados, riéndome forzadamente del plan del conductor de atropellar a la mayor cantidad de taxistas posibles y soportando las miradas de gente que me miraba como si fuera un parasito (¡como yo solía hacer!), me di cuenta que no entendía a las chicas que viajaban al lado del colectivero.
¿Por qué hacen lo que hacen?
El dinero ahorrado no equivale al aguante que hay que tener para soportar la charla, las frenadas, el prejuicio y la indignación del conductor porque ese “tachero de mierda” se había frenado justo en una parada y porque Bielsa nos había “cagado un mundial que teníamos en la bolsa”.



(gracias, vuelvan pronto)