El oficio de ser amigo 2/2
Una pequeña reflexión sobre ser el cuarto en discordia.
Segunda Parte
(… continúa de la semana pasada…)
El súmmum de esta prueba de adaptación se da cuando los niños tienen edad para empezar a jugar entre ellos. Al principio es una actividad hermosa de ver. Los chicos se divierten y aprenden a interactuar en un mundo social. El problema es que nosotros, los grandes, sabemos que los seres humanos cuando socializan tarde o temprano van a robarse un juguete o van a ser golpeados por no prestar un peluche.
Y ahí es cuando se inicia el conflicto.
Los padres, tratando de mostrarle a los niños que las cosas pueden solucionarse pacíficamente, pero confirmando lo “social” del hombre, tienen diálogos como este:
“Uh, Pepito, mirá que golpazo, te va a quedar chichón”.
“¡Te pido mil perdones!... Juanita, ¡lo que hiciste está muy mal!”.
“Noooo, no te hagas problema… después de todo, el nene repite lo que ve en la casa…”
“Es cierto eso, el tuyo no para de llorar y estira las manitos a la mesa… decí que la botella de vino está lejos, ja ja”.
Se produce la primera división, entre amigos devenidos en progenitores, pero no se queda ahí. Los padres, demostrando ya una gran habilidad en puñaladas culposas y guerras metafóricas (habilidad que van usar para educar a sus hijos hasta la adolescencia) hacen lo que todo el mundo hace cuando está en guerra: No, no saquear pueblos y mandar a las minorías al frente… buscar aliados.
Ahí es cuando tus amigos (y sus esposas) te miran y te dicen, al unísono:
“Tengo razón… ¿o no?”
En ese momento tenés que decidir entre darle la razón a uno de tus amigos de toda la vida, haciendo que el otro te odie, o demostrarles que te parece una pelotudez la discusión (y que esto jamás hubiese pasado si no tenían hijos con esas minas que los hicieron llorar, te hicieron poner pantalones para ver la tele y no te dejaron correr por ahí con tu máquina para hacer radiografías).
¿Qué hacés en ese momento?
Lo que quieras. Des la respuesta que des, va a estar equivocada.
La velada termina entonces, con vos sintiendo que no te diste a entender y ellos sintiendo que no entendés nada, con tus amigos lanzándose miradas matadoras y con las parejas teniendo una pelea apocalíptica cuando llegan a casa (porque seguro uno no defendió lo suficiente al otro). Mientras, el pibe extraña a su compañerita de juegos y escucha desde su cama como empieza a derrumbarse un matrimonio, sin entender y sintiéndose más incomodo que aquella vez que le dieron ganas de empujar a papito por la escalera porque mamita le parecía sexy.
Segunda Parte
(… continúa de la semana pasada…)
El súmmum de esta prueba de adaptación se da cuando los niños tienen edad para empezar a jugar entre ellos. Al principio es una actividad hermosa de ver. Los chicos se divierten y aprenden a interactuar en un mundo social. El problema es que nosotros, los grandes, sabemos que los seres humanos cuando socializan tarde o temprano van a robarse un juguete o van a ser golpeados por no prestar un peluche.
Y ahí es cuando se inicia el conflicto.
Los padres, tratando de mostrarle a los niños que las cosas pueden solucionarse pacíficamente, pero confirmando lo “social” del hombre, tienen diálogos como este:
“Uh, Pepito, mirá que golpazo, te va a quedar chichón”.
“¡Te pido mil perdones!... Juanita, ¡lo que hiciste está muy mal!”.
“Noooo, no te hagas problema… después de todo, el nene repite lo que ve en la casa…”
“Es cierto eso, el tuyo no para de llorar y estira las manitos a la mesa… decí que la botella de vino está lejos, ja ja”.
Se produce la primera división, entre amigos devenidos en progenitores, pero no se queda ahí. Los padres, demostrando ya una gran habilidad en puñaladas culposas y guerras metafóricas (habilidad que van usar para educar a sus hijos hasta la adolescencia) hacen lo que todo el mundo hace cuando está en guerra: No, no saquear pueblos y mandar a las minorías al frente… buscar aliados.
Ahí es cuando tus amigos (y sus esposas) te miran y te dicen, al unísono:
“Tengo razón… ¿o no?”
En ese momento tenés que decidir entre darle la razón a uno de tus amigos de toda la vida, haciendo que el otro te odie, o demostrarles que te parece una pelotudez la discusión (y que esto jamás hubiese pasado si no tenían hijos con esas minas que los hicieron llorar, te hicieron poner pantalones para ver la tele y no te dejaron correr por ahí con tu máquina para hacer radiografías).
¿Qué hacés en ese momento?
Lo que quieras. Des la respuesta que des, va a estar equivocada.
La velada termina entonces, con vos sintiendo que no te diste a entender y ellos sintiendo que no entendés nada, con tus amigos lanzándose miradas matadoras y con las parejas teniendo una pelea apocalíptica cuando llegan a casa (porque seguro uno no defendió lo suficiente al otro). Mientras, el pibe extraña a su compañerita de juegos y escucha desde su cama como empieza a derrumbarse un matrimonio, sin entender y sintiéndose más incomodo que aquella vez que le dieron ganas de empujar a papito por la escalera porque mamita le parecía sexy.

6 comentarios:
Y... la opción de demostrar que la discusión es una pelotudez sigue siendo la mejor, aunque uno se gane el odio del otro.
Y es cierto, que no te hagan poner los pantalones para ver tele NO tiene precio.
Aguante SNL sin pantalones, carajo!!!
Buena semana!
Jajaja. Sin desperdicios.
El final me mató.
escucha desde su cama como empieza a derrumbarse un matrimonio, sin entender y sintiéndose más incomodo que aquella vez que le dieron ganas de empujar a papito por la escalera porque mamita le parecía sexy.
flaco... sublime una vez mas, no queres ser mi amigo? jaja
El otro dia tal cual lo tuyo, me dijeron... ya vas a ver cuando tengas tus hijos, no sabes lo que es esto... y me acorde instantaneamente del flaco Polzunkov y su reflexion
si tuviera blog y mejor chaumuyo... haria un post sobre como llevar adelante una relacion con madres solteras, me toco alguans veces vivirlo... podes hacer un post al repecto alguna vez? es diferente pero parecido a esto que vos contas
gracias loco
Realmente llegué por aca de casualidad, de blog en blog básicamente..
ja.. Realmente, la parte q te quieren involucrar y uno no tiene ni la más minima intención.. no esta buena, ni un poco!
Lo mejor, es abstenerse de opinar, si total, no es nuestro hijo, no lo vamos a educar y en definitiva no quieren escuchar nuestra opinión, sino solamente saber quién gana en ese momento..
Saludos desde Uruguay!
"En ese momento tenés que decidir entre darle la razón a uno de tus amigos de toda la vida, haciendo que el otro te odie, o demostrarles que te parece una pelotudez la discusión (y que esto jamás hubiese pasado si no tenían hijos con esas minas que los hicieron llorar, te hicieron poner pantalones para ver la tele y no te dejaron correr por ahí con tu máquina para hacer radiografías). "
Parece que me hubieras estado espiando.
Se exactamente de lo que hablás, es tal cual.
Yo me ofrezco a darte ese baby así no tenés que pasar mas por esas situaciones.
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