El niño abstemio
El domingo cumplí años (siéntanse libres de mandar regalos) y además del existencialismo que aparece por esas fechas (que fue rápida y literalmente ahogado en una botella de vodka de 8 pesos), me di cuenta que la inmadurez de la que adolezco habitualmente no solo se manifiesta en beber un litro de bebida blanca que vale como dos paquetes de fideos, sino en que aun hay una “cosa de grande” que no me gusta.
Explico un poco:
Cuando era un niño odiaba a los Beatles, a la cerveza, al jamón crudo y al queso roquefort. Me parecían aburridos, amarga, feo u oloroso, según el caso. Sin embargo, a mis padres les gustaban todas esas cosas. Hice la asociación simple que permitía mi corta edad y, para mí, esas cosas pasaron a ser cosas “de grande”.
Con el tiempo, y en beneficio a la escritura de este artículo, esas cosas me empezaron a agradar. Otra vez asociación sencilla (esta vez generada por la ingesta de Quilmes), pum, soy grande. El hecho de que tengo que trabajar para vivir o que tengo más pelo que Pie Grande solo fueron confirmaciones. Yo era grande porque me gustaban esas cosas.
Sin embargo hay algo que no me termina de cerrar. Algo que por más que ya tenga casi 10 años de aportes no me deja sentirme adulto. Algo que mis amigos y mis familiares disfrutan visiblemente y que en mi caso solo es considerado un líquido desagradable.
El vino.
No hay caso, probé miles de veces el carmín brebaje pero sigue sin gustarme. Lo tomé en cumpleaños, en citas, con la familia algún que otro domingo… pero no.
En las fiestas me siento un poco excluido cuando hablan de taninos o de varietales. Y trato de zafar diciendo que no tomo porque me parece de snob… por lo menos hasta que mis amigos me recuerdan que compraron el vino en el Eki.
Hasta viajé a Mendoza. Me tomé un micro a la tierra del sol y del buen vino (cuando el avión estaba más barato… mi vida es así, gente, un esfuerzo tras otro para hacerlos reír) para ver si el “buen vino” de su slogan era diferente de los que probé acá. Era igual.
En un curso aprendí a distinguir que atrás de ese gusto horrendo, puedo sentir un poco de gusto a frutos rojos, a ahumado o a roble (como si saborear humo o chupar un tablón fuera una delicatessen que uno reserva para ocasiones especiales) pero aun así no aprendí a querer el plasma divino.
No es fácil para mí. Sentir que no puedo completar la transformación a la vida adulta, caminar por la calle sintiéndome mitad hombre mitad niño… y con el constante miedo de que Horacio Guarany me encuentre y me cague a golpes por desagradecido de la vida.
Explico un poco:
Cuando era un niño odiaba a los Beatles, a la cerveza, al jamón crudo y al queso roquefort. Me parecían aburridos, amarga, feo u oloroso, según el caso. Sin embargo, a mis padres les gustaban todas esas cosas. Hice la asociación simple que permitía mi corta edad y, para mí, esas cosas pasaron a ser cosas “de grande”.
Con el tiempo, y en beneficio a la escritura de este artículo, esas cosas me empezaron a agradar. Otra vez asociación sencilla (esta vez generada por la ingesta de Quilmes), pum, soy grande. El hecho de que tengo que trabajar para vivir o que tengo más pelo que Pie Grande solo fueron confirmaciones. Yo era grande porque me gustaban esas cosas.
Sin embargo hay algo que no me termina de cerrar. Algo que por más que ya tenga casi 10 años de aportes no me deja sentirme adulto. Algo que mis amigos y mis familiares disfrutan visiblemente y que en mi caso solo es considerado un líquido desagradable.
El vino.
No hay caso, probé miles de veces el carmín brebaje pero sigue sin gustarme. Lo tomé en cumpleaños, en citas, con la familia algún que otro domingo… pero no.
En las fiestas me siento un poco excluido cuando hablan de taninos o de varietales. Y trato de zafar diciendo que no tomo porque me parece de snob… por lo menos hasta que mis amigos me recuerdan que compraron el vino en el Eki.
Hasta viajé a Mendoza. Me tomé un micro a la tierra del sol y del buen vino (cuando el avión estaba más barato… mi vida es así, gente, un esfuerzo tras otro para hacerlos reír) para ver si el “buen vino” de su slogan era diferente de los que probé acá. Era igual.
En un curso aprendí a distinguir que atrás de ese gusto horrendo, puedo sentir un poco de gusto a frutos rojos, a ahumado o a roble (como si saborear humo o chupar un tablón fuera una delicatessen que uno reserva para ocasiones especiales) pero aun así no aprendí a querer el plasma divino.
No es fácil para mí. Sentir que no puedo completar la transformación a la vida adulta, caminar por la calle sintiéndome mitad hombre mitad niño… y con el constante miedo de que Horacio Guarany me encuentre y me cague a golpes por desagradecido de la vida.

10 comentarios:
No es mi intención contradecirlo, pero debo advertirle que el verdadero síntoma de la adultez lo conforma el gusto por los pepinos agridulces.
Mire, ud. debería ser amigo de el Nene!!! me impresiona, le diré...
Feliz cumple!!!
me pasa igual!!!!! no me gusta el vino, es algo q me gustaria q me guste, pero no hay caso che! hasta q me gusten ciertas cosas agridulces llegue, capaz todavia no soy lo suficientemente adulta...
1º Feliz Cumple! (no hay regalo, no hay presupuesto usted comprendera)
2º yo me siento casi igual, pero con respecto a la cerveza, nunca pude tomar cerveza por causas medicas, y siento qeu no fui lo suficiente adolescente, eso de juntarse a tomar birra en la calle me quedo pendiente (junto con la fiesta de 15 y el viaje de egresados) por lo que siento que nunca fui adolescente del todo.
Pero tampoco me siento adulta del todo, que se yo
cosas de la vida
salute
A mucha gente le pasa, no debería usté' sentirse solo.
Un amigo dijo que sólo tomaría vino después de los treinta, sin embargo, cada vez se hace más reacio a la idea.
Copas grandes de cristal, música de fondo, tono de madera, todo muy bonito, no así rico.
Mañana es MI cumple, y em siento totalmente identificada con su post.
happy Birthday!
Feliz cumple!!! y no te preocupes, todo llega ;)
Esta jodido.
Yo con 29 años comencé a comer boniatos al horno.
hola,soy Berenice, nueva lectora, (mirona,curiosa, lo que sea). Yo adoro el vino! Me mata de la risa lo que decís. Las personas le damos status a cada cosa!. Tal vez chupar un tablón se ponga de moda.
Saludos.
No me gusta el vino. Salvo el Cafayate cosecha tardía (blanco)... si queres probarlo bienvenido.
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