martes 10 de noviembre de 2009

A Antonini no le pasaba… (parte 1)

Este tema se generó acá y acá. Y fue desglosado acá, pero pasaron más cosas que tuvieron que ver, así que decidí escribir un articulo sobre el mismo que espero disfruten.
Ahí va.


Quejarse de que las instituciones estatales son inoperantes y corruptas es caer en un lugar común, repetido y estereotipado. Casi como decir que los viejos son prejuiciosos, que el transporte público funciona mal o que la gente se comporta estúpidamente cuando está en grupo.

En este blog estamos en contra del discurso golpista, misántropo y anti-ancianidad, pero no así de divertirnos de las desgracias ajenas o, en este caso, propias… así que mientras mi tren queda varado en medio de la nada (haciéndome perder el presentismo), una señora mayor se queja de que seguro el maquinista está drogado y varios tipos empiezan a golpear la formación, mientras amenazan con prenderla fuego, me pongo a escribir esta pequeña anécdota.

Polzúnkov contra la Aduana

Ahhh, la aduana.
Estos sensatos trabajadores del comercio internacional, que piensan que porque uno tiene contacto con el extranjero ya gana en Euros.
Estos bogadores de la seguridad, que se quejan de que me llegan envíos “prohibidos y peligrosos” del exterior; cuando tengo la sospecha de que si compro 400 kilos de efedrina los tengo en la puerta de casa de 5 a 10 días hábiles.
De estos honestos laburantes, que te rebotan un CD pero te llenan el país de importaciones truchas, voy a hablarles.

Este año conocí mucha gente del exterior. En unas vacaciones en Mendoza, traduciendo una página Web, participando en un concurso literario y haciendo las veces de profesor de inglés y español.

(Nótese que no fui a hacer salto bungee desde la torre Eiffel, ni a recorrer Italia en Maserati, ni a Suiza a andar a cococho de Heidi… mis ingresos son más bien risibles).

Vuelvo al tema. Gracias a mi buena onda, generosidad (o más bien, la falta de habilidad de los extranjeros de captar mi mala onda y búsqueda de interés personal) y, por sobre todo, de mi deficiente y por lo tanto gracioso inglés, logré hacerme de amigos. Amigos que me mandaron, para mi cumpleaños, varios regalos a través del correo.

Y acá es donde se pone divertido. Para ustedes.

Estos son los peligrosísimos e ilegales regalos y el premio del concurso que recibí:
- Una remera de algodón.
- Un sweater.
- 3 libros.
- 10 pares de medias.

Y esto es lo que la aduana me hizo pagar para recibirlos, cagándose en la definición de la palabra “regalo”.

U$D: 92

(sigo la semana que viene)

6 comentarios:

eMe dijo...

Esos son regalos, ves?

Yo te lo mando, pero vos lo pagás... mara villoso!!! jajajaja

Marie dijo...

yo abandoné un ipod a la aduana, me lo mando un amigo de regalo (un ipod bien modesto, que donde él vive no debe salir más de 50 dolares), tenía que pagar 250 dolares para sacarlo de la aduana

Diego dijo...

Estan todos locos mal....
Yo te soy sincero, soy amigo de uno de los flacos mas grossos de la aduana, cada vez que traigo algo, ya sea de 50 dolares o de 4000 (bueh, nunca llegue a eso) pasa como si fuera de 10 centavos. Lamentablemente, es asi loco, si no tenes un conocido te rompen el orto.
Te tiro una, me compre una Fender Stratocaster que aca sale 5500 mangos, por 600 dolares.

Efedrina? ponele la firma que te llega con una postal y todo.

Polzúnkov dijo...

Diego, me deprimiste.
(pero ahora ya sé con quien hablar)

¡Te mando un abrazo, nuevo amigo!

Nikolina dijo...

Deberias cambiar el titulo del post por: a diego no le pasaba...
Slds!

Bichicome dijo...

odio los lugares comunes.

pero a veces son indispensables, y otras son como un agujero negro.. uno es atrapado por ellos.