¿Divertimento para los niños, generador de traumas o aleccionador de vida?
Por lo general, cuando se es pequeño, los padres le inculcan a uno todo tipo de valores. Nos llenan de consejos para afrontar una vida que, si bien no es fácil, puede ser maravillosa en muchos aspectos si se sabe como encararla.
Uno de esos consejos siempre fue “si te lo propones, podes conseguir lo que quieras”. Uno caminaba más confiado por la calle, con la cabeza en alto. Se animaba a atender el teléfono, a sacarle las rueditas a la bici, a ir hasta el almacén solo… todo por una gran frase que nos llenaba de valor y de moral.
Todo esto, hasta que nos subimos a nuestra primera calesita.
Como todos los que leen acá saben, la calesita es un divertimento repetitivo, pero agradable; lleno de animales y medios de transporte de madera (la única vez que anduve en helicóptero fue ahí, no así la única vez que anduve a caballo, y de eso me arrepiento), uno disfruta de un par de vueltas escuchando a Maria Elena Walsh o a Flavia Palmiero y, finalmente, se baja contento y algo mareado.
No se quien fue el desalmado al que se le ocurrió agregar a la persona de la que quiero hablar hoy. Un ser sin escrúpulos, malvado, que disfruta viendo a los niños sufrir…
… el tipo que te hace agarrar la sortija.
La de veces que me bajé de la calesita tristísimo, abatido y (¿por qué no?) tempranamente nihilista porque este hombre me mostraba un premio que no podía agarrar. Cada vez que en el jardín alguien me mostraba un juguete y al grito de “mirá lo que tengo y vos no” no me lo quería prestar, mi mente volvía a esa calesita y a ese hombre que hacían mis sábados tortuosos.
¿”Por qué volvía a ir”, se preguntan ustedes? Porque el tipo de la sortija no es tonto. Si uno nunca se hubiese hecho acreedor del preciado premio, la calesita se quedaría sin clientes rápidamente; entonces él, repartiendo el premio con la imparcialidad de un rey Salomón socialista, te hacía ganar la sortija de vez en cuando. MUY de vez en cuando. Para que uno siguiera yendo.
Ahora que lo veo a la distancia, uno podría pensar en la calesita como una metáfora de la vida adulta, con sus constantes vueltas para volver al mismo lugar, con un premio al que muy pocas veces podes acceder y que si lo haces todos los demás te miran con envidia malsana. Probablemente el tipo de la sortija haya sido uno de nuestros grandes maestros en lo que enfrentar a la vida se refiere…
… pero a los 5 años lo único que quería era patearle las pelotas, robarme la sortija y salir corriendo.

6 comentarios:
Me encantó, encantó, encantó este regreso!!!!!!
Qué razón tiene... qué necesidad (en este caso valdría más un necesidá) de darnos un golpe de realidad cuando tenemos 5 años????
De la calesita lo único que recuerdo es estar parada intentando agarrar la maldita sortija, nada quedó grabado de estar felizmente sentadita en un helicóptero comiendo un copo de nieve...
Que emocion volver a leerlo!!!
Sabe que? Detestaba a ese hombrecito!!! Lo odiaba.
Yo más que irme triste me iba muy enojada, pero muy.
Tal vez ese haya sido el momento de inicio de mi ira desmesurada.
Bonito regalo pa la vida me dejó ese sádico!
La ultima vez que me subí a una calesita tenía 15 o 16 años, es que llevé a mi hermanito (10 años menor) y aproveché!! :P
Pd: Pispee acá que hay un concursin de narrativa :)
Le dejé el link de la pag. en mi blog en rferencia a su comment pero mejor se lo pongo aca tb..por las dudas, vio?
www.rojas.uba.ar
Yo tengo una frustracion enorme!
Mi viejo me confesó que le pagaba al calesitero para que me de la sortija!!! Y yo que pensaba que era rehablidosa!!!!
Años de terapia me llevó remontarlo!!
jajajaaaaaaa
Naaa, pobre Stella che!!!
Yo casi siempre me ganaba esa sortija así que imaginate, salía MUY pero MUY frustrada cuando perdía.
Buena conclusión la tuya, la comparaste con la vida adulta... siempre hay que volver para poder seguir triunfando.
Besito!!! Que bueno es verlo de regreso!
Hola!!
Es cierto que el tema de la sortija en la calesita era algo traumático... hace poco tiempo me volví a subir (acompañando a un niño pequeño, de otra forma no me daría la cara) y estaba bastante entusiasmada, la sortija no me preocupaba demasiado... lo que quería era ir al caballito, para luego darme cuenta de que con mi peso de adulta no sube... fue terriblemente angustiante, y por mi cara de tristeza, culpa del caballo malo, el señor me dio la sortija!! Otra lección sobre la vida cortesía de la calesita, cuando querés algo no lo podés tener hasta que querés otra cosa y en ese momento te dan lo que querías en primer lugar... triste...
Saludos
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